Era el viento quien lo llamaba, era la sombra que a su lado aullaba.
Era la luz del verano en que despertó, era la música que un día alguien mencionó.
Su alma era libre, su vida, brevemente, indestructible.
Su risa, la mejor cura, sin prisas, hasta ser dura.
Las miradas, no eran espejos, la cara no mostraba nada, en su interior había un millón de pensamientos, por fuera tan solo una monada.
Caía bien, sentaba mal, era fiel, hablaba de verdad.
Pasaban cada día por su lado, sin mirar, sin recordar sus rasgos.
No reconocerían sus palabras ni en miles de años, nunca se habían molestado, en siquiera escucharlos.
Caminaba de frente, caminaba erguida, pisaba fuerte, andando por la vida.
Su momento terminaría, su lugar se ocuparía, su voz se pagaría, la nada llegaría.
Y, aunque todo quedaría atrás, desde el sufrimiento hasta lo que amaba demás, no sentía lástima por el fin, su dolencia se quedaba aquí, pues no lamentaba haber fracasado, tan solo, no haber empezado.
Bellos los latidos de tus versos..
ResponderEliminarUn gusto leerte
Un abrazo
Saludos fraternos..
Que tenga un hermoso día.
Muy bonito
ResponderEliminarNunca hay que tener miedo a empezar y menos de fracasar :)
Besos
"Caminaba de frente, caminaba erguida, pisaba fuerte, andando por la vida."
ResponderEliminarMe encanta
Hola, muchas gracias. Me alegro de que os guste!
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