martes, 20 de agosto de 2013

Relato II

Olivia estaba muy concentrada, fruncía el ceño y fijaba tanto su mirada en el cuadro recién terminado que hasta bizqueaba un poco. Pincel en boca, con casi más pintura en las manos que en el lienzo, y un gran nudo en la garganta. Llevaba mucho tiempo esperando esa oportunidad: penurias, lágrimas…solo de pensarlo se ponía a temblar. Se miró la mano: “menudo pulso para una pintora”, pensó. “Pintora”, jamás creyó poder referirse a sí misma en ese término más allá de sus fantasías. Agarró la cruz de plata que tenía colgada al cuello desde la infancia, se la acercó a la boca y le dio un beso. A partir de la semana siguiente algo cambiaría, todo mejoraría…

 Héctor se intentaba acomodar en el sofá-cama del salón, por suerte su hermana le había acogido en su casa. No sabía qué posición tomar, todo le resultaba muy incómodo. “Como mi vida ahora, qué ironía”, pensó. Miraba el techo blanco y reprimía los sollozos con todas sus fuerzas, lo peor, es que no sabías no por qué sentía esa congoja que desde hacía un mes le consumía. ¿Tendría que ver el hecho de haberse quedado sin trabajo, sin casa, sin amigos, sin todo lo que hasta ahora había constituido su vida? “Puede ser”, concedió. Al fin y al cabo, su vida jamás volvería a ser la misma, lo sabías, ya no había marcha atrás, su “estatus” estaba aniquilado y reducido a cenizas, no era nadie, o lo que hasta ahora él consideraba “ser alguien” en el mundo. La cuestión era si algún día saldría de ese agujero que él mismo había ido cavando a lo largo de los años sin darse cuenta siquiera.

 Una semana más tarde…

-Lo siento, Olivia.

 -Aún no me lo creo –lloraba ella sin cesar -, mi exposición anulada, mi sueño hundido…

-Son cosas que pasan –la consolaba su amiga Marta -. Venga, vamos a tu casa, va a empezar a llover y no quiero que se estropeen tus cuadros.

 -Qué más da ya –dijo Olivia con sus obras bajo el brazo -, la única oportunidad que me habían dado en diez años y mira… Dios me habrá castigado por hacerme demasiadas ilusiones. –dijo, caminando por la calle junto a su amiga sin esquivar al hombre que venía en dirección contraria, mirando al suelo, y chocando con él desparramando todos sus lienzos por la acera.

 -¡Oh, lo siento mucho! –dijo él agachándose a recogerlos.

 -No pasa nada –respondió Olivia sintiendo una imperiosa necesidad de salir corriendo y dejar a aquel extraño, a su amiga, y los cuadros, tirados. Pero no lo hizo y empezó a recoger también. A algunos se les
había rasgado el papel protector dejando ver la pintura que guardaban.

 -¡Qué bonitos! –le dijo el hombre. Su rostro ceniciento había tomado color y sus ojos brillaron por primera vez en un mes.

-Ya… -contestó sin hacerle caso.

-¿Los has pintado tú todos? Ella no respondió.

 -Sí –contestó su amiga Marta en su lugar-, Olivia en una gran artista.

 -Bueno, gracias. –se despidió Olivia recogiendo el último cuadro, arrastrando a Marta y dejándole a él plantado. Pasó apenas un instante hasta que reaccionó y se acercó corriendo a ellas.

-¡Perdonad! –las detuvo -¿Sería posible encontrarnos otro día para ver tus cuadros? Olivia, que hasta el momento ni le había mirado a la cara, levantó la vista y la fijó en los ojos de él, en sus ojeras, en sus patas de gallo, en sus pequeñas pestañas, en el azul cristalino de sus iris, y en ese sentimiento que solo transmiten aquellos seres perdidos en sí mismos que, por un golpe de lo que ella llamaba suerte, se desprendían de todo aquello que les hacía tan detestables, ganando así una nueva oportunidad de valorar todo aquello que hasta el momento habían renunciado. Olivia recuperó su color de cara habitual, su destello en la mirada, y ese aura especial que solía poseer.

-¿Cómo te llamas? –le preguntó.

-Héctor. Una sonrisa se dibujó en la cara de ella. Marta, vio perfectamente esa expresión, esa que ya había visto otras veces en ella cuando contemplaba un paisaje, un cielo estrellado, un cuadro abstracto…pero que, por vez primera, era motivada por una persona.

-¿Quieres venir ahora a mi buhardilla-estudio a verlos? –dijo Olivia.

-Claro –aceptó Héctor sonriendo sin saber por qué, al igual que tampoco conocía la razón por la que ese vacío que se había apoderado de él en el último mes había desaparecido de un plumazo, ni por qué la sonrisa de esa pintora desconocida le transmitía una paz que nunca antes había sentido.

-Si te gusta alguno en concreto puedes quedártelo –le comentaba Olivia caminando hacia su estudio –, solo te pediré a cambio una pintura tuya.

-Yo no sé pintar…-dijo Héctor.

-No creo que se refiera a eso –apuntó Marta, que iba tras ellos.

-Pero sí sabes quedarte quieto, ¿no? –rió Olivia.

 Una vez en su buhardilla, posando para ella, Héctor sonreía sin esfuerzo, respiraba profundamente con facilidad, y solo apartaba la vista de Olivia para dirigirla de vez en cuando a aquel cuadro que ya era tan suyo como él se sentía de Olivia. Una vez ella terminó el retrato y se lo mostró, Héctor comprobó cómo las miradas furtivas que le había echado a su nueva adquisición no habían pasado inadvertidas a los ojos de Olivia, pues no le había pintado mirando al frente, como Héctor creía, sino al cuadro que él le había pedido que le regalase, titulado: “Nueva Vida”.

sábado, 25 de mayo de 2013

 En la nada de las almas,
late el corazón

al ritmo de la algarabía del silencio.

sábado, 11 de mayo de 2013

Relato


Lo prometido es deuda. Hace unos meses comencé un curso de escritura creativa, gracias a él y a maravillosas personas que he encontrado en el mismo, las letras han querido hacerse de nuevo un hueco en mi alma y en el papel. Este relato que traigo es uno de los primeros ejercicios que realizamos, donde se pedían unos parámetros mínimos. Espero que lo disfrutéis.


Condujo calle abajo con una mano en el volante y otra en el teléfono móvil.
La llamaba incesantemente pero ella no contestaba. ¿Dónde podía estar? Dio varias vueltas a la manzana y luego extendió su búsqueda por el resto de la ciudad. No podía hacer mucho que se había marchado, la encontraría, seguro. Maldita Eva, ¿cómo se atrevía a abandonarle? Le sonó el móvil. Contestó ávido de escuchar su voz con una disculpa.
-¿Juan? Hola…soy Judith –la mejor amiga de Eva, no era a ella a quien esperaba pero le valía, de momento-. Te llamo para decirte que he hablado con Eva.
-¿Y qué te ha dicho? ¿Dónde está? –Juan no podía evitar la ansiedad en su voz.
-Sé por qué te ha dejado, pero me parece que deberías hablar. Lleváis tantos años juntos que es una pena que por simple monotonía todo se acabe…
-Sí, ya –le cortó él -, pero, ¿dónde está? –En el fondo, Juan sabía que esos no eran lo motivos por los que Eva se marchaba. La nota, aunque en parte fuese cierta, escondía mucho más de lo que cualquier persona que no fuesen ellos pudiese imaginar.
-En la parada del autobús junto a la iglesia.-contestó Judith.
Juan colgó sin despedirse ni agradecerle nada. Esa era su forma de tratar a las personas, las utilizaba en su beneficio y punto. La buena cara solo había que ponerla hasta que le proporcionaban lo que necesitaba.

Llegó a dicha parada y la vio. Eva no se percató de que Juan estaba allí hasta que la agarró de un brazo y la llevó a rastras hasta el coche. Eva ni se movió. Sabía que lo mejor era no cabrearle más, no podía enfrentarse a él cara a cara, era tontería resistirse.
Juan arrancó el coche sin decir una palabra. Condujo unos diez minutos así, pero fue ella quien rompió el silencio.
-Sabes que me largaré. Huiré muy lejos de ti, no sabrás dónde estoy ni con quién. Viviré mi vida como nunca lo he hecho: lejos de ti. Y me esforzaré por no caer en los mismos errores, y lograré ser feliz. Tenlo por seguro. Te pasarás la vida buscándome pero yo no me esconderé siempre, porque encontraré el sitio donde jamás pensarás acudir y yo tampoco volveré a pensar en ti.
-Cierra la boca, y sigue soñando –contestó Juan -¿Querías delatarme? ¿Por eso te has ido?
-No has escuchado nada, como siempre –Eva puso los ojos en blanco y tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta-. Pues no, no pensaba ir a la policía, si es lo que te preocupa. Solo pretendía salir de la tumba en la que me tienes encerrada cada día, y olvidar todo: los miedos, las lágrimas, tu maltrato, tu…secreto…
Juan desvió el coche a un lado de la carretera y se detuvo en seco. Su mano estalló en la cara de Eva.
-¡Lo sabía! Me pensabas traicionar –dijo gritando-. Te lo advierto, tú no me la juegas, más te vale tener la boca cerrada Eva, porque, si no, puedes acabar en una tumba de las de verdad.
-No sería la primera a la que mandarías bajo tierra. –le espetó ella.
Juan tenía los ojos muy abiertos, inyectados en sangre. La vena de su cuello se marcaba mucho y apretaba rabiosamente la mandíbula.
-Eso quedó atrás, y prometiste guardar el secreto.
-Y no romperé mi promesa, tranquilo. Aunque desearía que no me lo hubieses contado jamás. Solo lo hiciste para atarme a ti, ser tu cómplice, tu tapadera. Ahora ya nada puedo hacer, salvo intentar olvidar todo. Déjame marchar, por favor. –imploró Eva.
Juan no contestaba. Los seguros del coche estaban puestos, no podía salir corriendo aprovechando un descuido.
-Escucha –continuó ella-, no te delataré, lo juro. Si hasta en la nota que he dejado ni lo doy a entender, mis amigos creen que soy una esposa cansada de la monotonía y que nuestros problemas se arreglarían con terapia de pareja. Me da igual lo que hagas, déjame como la mala de la película, qué más da, pero permíteme marchar.

En ese momento, una mano golpeó la ventanilla del conductor. Ambos vieron cómo el policía les indicaba que bajasen el cristal.
Juan obedeció.
-No puede aparcar aquí. Entrégueme su identificación. –le dijo el agente.
-Sí, lo siento. –Juan le entregó los documentos. El policía apuntó algo y le indicó que debía irse de allí para no entorpecer el tráfico.
Juan así lo hizo una vez se despidieron.
Llegaron a su barrio y Eva observó cómo Juan iba demasiado rápido.
-Juan, aminora –le dijo, pero éste hizo caso omiso-. Juan, por favor, baja la velocidad- se empezó a angustiar Eva mucho más de lo que estaba. Pero Juan ni la oía ni quería hacerlo: la rabia, la angustia, el odio, la venganza, todo lo que había aprendido a lo largo de su vida, y utilizado mezquinamente para dañar a otros, se apoderaba de su mente.
Entonces, lágrimas producidas por todos esos horribles sentimientos tan arraigados en su ser saltaron de golpe, y con una risa histérica le dijo a Eva:
-¿Sabes qué? Sé que no se lo vas a contar a nadie, que no me delatarás. Te creo –y, a pesar de esas palabras; sus gestos, su manera de decirlas, la violencia que emitía en cada sílaba, y en sus volantazos, hacían imposible que Eva respirase profundamente y creyese que la dejaría marchar. Le conocía, y si su plan inicial no había tenido éxito, por más que ella lo intentase, ya no tenía salidas.-. Pero, ¿sabes por qué lo sé? –Continuó Juan- Porque ambos juramos que nos lo llevaríamos a la tumba y, por lo visto, ese día ya ha llegado.
Eva no tuvo tiempo de reaccionar a sus palabras, ni de ver cómo se estampaban contra un árbol, ni si quiera se percató de que Juan había soltado el volante. Los dos estaban inconscientes cuando el tronco del árbol en el que el coche se encontraba incrustado, comenzó a ceder contra el mismo, para acabar partiéndose el techo con ellos dentro.

Muchos vecinos salieron de sus casas, o se acercaron del lugar de la calle en el que se encontraran para ver qué había pasado, socorrerlos, llamar una ambulancia…
Víctor también se acercó, del coche salía humo y sus ocupantes estaban inertes. Eran Eva y Juan. Su corazón comenzó a retumbar como nunca antes en su vida.
<< ¡Dios mío!>>, pensaba, sin poder apartar la vista del lugar del accidente. De pronto, otro nombre muy distinto se posó en su mente: Javier. Se dio media vuelta y entró por la puerta que tenía a su espalda, llegó a su casa vociferando con desesperación el nombre de su hijo:
- ¡Javier! ¡Javier! –Subió unas escaleras y fue directo a la habitación del joven- ¡Javier, por Dios!
- ¿Qué pasa? –se incomodó su hijo a la vez que se quitaba los cascos de los que provenía una ruidosa música.
Víctor, abrumado e intentando coger aliento contestó.
- ¡Maldito seas! Has sido tú, ¿verdad? Cómo lo sabía, eres tan estúpido que crees que tienes las de ganar. –Víctor se paseaba enérgicamente de un lado a otro de la habitación echándose las manos a la cabeza.
- A ver, papá, ¿qué ocurre? ¿De qué hablas? –dijo Javier sin comprender.
Una sirena se oía cercana.
- ¿Quieres saberlo? Pues mira. –Víctor descorrió las cortinas de la ventana mostrando a su hijo toda la escena que acababa de presenciar.
- ¡ ¿Pero qué ha sucedido?! –se alarmó Javier.
- ¿ Te suena el coche? Es ese del que te quisiste encargar ayer en el taller. –Le espetó Víctor en tono acusador.
Javier no entendía nada, sus pupilas se esforzaban por abarcar todo aquello que tenía ante sí para que su cerebro pudiese realizar la asociación entre aquello y su trabajo del día anterior en el taller mecánico de su padre. Entonces cayó en la cuenta.
- Eva…-dijo en un suspiro, dándose cuenta de todo en un instante y dirigiéndose rápido a la puerta de la habitación.
- ¿ A dónde vas? –le paró su padre.
- ¡Es Eva! –Vociferó con los nervios de punta- Es su coche, tengo…tengo que ir…
- No vas a ningún sitio, ¿sabes la que te puede caer?
- ¿De qué hablas? –espetó Javier sin comprender.
- Sé que has sido tú –Víctor apartó la mirada de su hijo-. No me lo puedo creer. ¿Cómo has llegado a esto? Solo tenías que arreglarle los frenos… -dijo con desesperación.
- ¡No puedo creer que pienses que he tenido algo que ver! Soy tu hijo…
- ¿ Y qué quieres que crea? ¿ Acaso no estás enamorado de ella?
Javier no pudo replicar, era cierto, nunca habían llegado a nada más que miradas, sonrisas y frases sin sentido, pero él sabía cuánto sufría Eva con su marido, aunque ella no se lo hubiera dicho, no hacía falta. Solo era necesario fijarse en cómo cambiaba su actitud cuando estaba con su marido para darse cuenta de que no era feliz.
- ¡Maldito seas! ¿Qué vamos a hacer? –seguía Víctor, devanándose los sesos.
- Papá, escúchame –Javier se acercó a Víctor intentando hacerle entrar en razón-, yo no he sido. No he cometido ninguna locura, ni por amor ni por nada.
Víctor se quedó lo que pareció una eternidad mirando a su hijo a los ojos. Javier los tenía muy abiertos, en un vano intento de dar más peso a sus palabras.
- No me crees. –Sentenció Javier. Su padre agachó la cabeza mirando al suelo.
- Hijo, aunque fuese cierto, ahí fuera tienes a dos personas que se han estrellado contra un árbol y tú fuiste el último que estuvo andando por las entrañas de su coche. Cuando investiguen eso, las huellas dactilares les llevarán directos a ti, y ambos sabes que con tus antecedentes será fácil culparte.
- No si comprueban que el coche no ha sido manipulado –contestó Javier, y no lo ha sido, te lo aseguro.
Víctor no podía confiar en él, ya lo había hecho decenas de veces antes y Javier le había traicionado cada una de ellas. Era cierto, que había cambiado, parecía haber tomado la decisión de reformarse, y llevaba un tiempo trabajando con él en el taller. Pero tantas habían sido las decepciones…
- Tienes que marcharte. –concluyó.
- No.
- Vete, venga, ve a casa de tus primos un tiempo, hasta que se calmen las cosas. Yo me encargaré de eliminar cualquier prueba que te pudiese incriminar.

Cinco minutos después, una ambulancia, varios coches patrulla y un coche hecho trizas con medio árbol encima fue el escenario que padre e hijo se encontraron al salir de la casa. El hijo se encaminó en la dirección que su padre le había marcado, mirando de reojo el lugar del accidente. Procurando distinguir alguna figura fuera del vehículo, en una camilla, atendida por un médico. Nada. Dobló la esquina y se perdió de la vista de su padre.
Víctor continuó ahí un rato, y se agachó protegiéndose cuando, sin esperarlo, el coche pegó una explosión. Todo el mundo huía, gritaba, lloraba… Los bomberos llegaron de inmediato, apagaron el fuego y controlaron poco a poco la situación. Por suerte no se produjeron más heridos que los dos protagonistas del accidente de tráfico: una mujer fallecida antes de la explosión, y un hombre a quien atendían en una camilla dentro de la ambulancia.

Al día siguiente, el periódico local se hará eco de la noticia:
Una mujer muere y un hombre resulta herido en un extraño accidente de tráfico. Se sospecha que los frenos fueron manipulados por un mecánico que ahora se encuentra en busca y captura. El superviviente ha dicho: “Es un milagro que esté vivo, doy gracias a Dios. Ahora tendré la difícil tarea de aprender a vivir sin mi esposa. Espero que el culpable de esto pague por ello. Sé que ese mecánico le había tirado los tejos a ella y que mi mujer le rechazó. La pobre ha sido víctima del odio, la rabia, angustia y la venganza de un desalmado.”


Rebeca Márquez

lunes, 15 de abril de 2013

Después de tanto tiempo...

Resulta extraño regresar. Hace casi un año que no publico en este, mi primer blog, en el que comencé mis "pinitos poéticos", y pongo comillas por dos razones: 1. Porque nunca he considerado que mis escritos mereciesen ser llamados "poesía" pero, remitiéndome a la descripción de mi perfil, tampoco me importa, me gusta escribir y eso hago (mejorar, pulir, intentarlo, por supuesto). Y 2. Porque poner comillas es lo mío (no olvidéis ni por un instante Alas de "libertad" ).
Me siento en deuda con estas dos páginas del mundo virtual, por muy cursi o triste que suene (tampoco me afecta), sin olvidar todo lo que a ellas concierne, como eran sus lectores. Dos espacios abiertos en mis 16 años en medio de un mundo incalificable, un mundo que dividí en dos (Alas / Todo y Nada), un mundo que, a pesar de todo, me daba ganas de escribir, una palabra que abarca tantas cosas que ni el diccionario de la Real Academia logra definir con exactitud. El tiempo, los años, y lo que ellos han traido o se han llevado, deterioraron esta pasión, algo que no debió pasar jamás, como tantas otras cosas. No puedo asegurar que no vuelva a suceder, pues nunca se sabe en esta vida, pero hoy por hoy, solo puedo decir, VUELVO A ESCRIBIR.
 Los que aún aguantéis por ahí esta sequía, los que aparezcáis de nuevas, o los que ni una cosa ni otra, os doy las gracias por este tiempo y el que venga, así como, si queréis, la bienvenida.

domingo, 29 de abril de 2012

Abuela


En un día como hoy, lo perfecto sería decir las palabras exactas que una siente, expresar todo eso que tienes dentro. Pero, ni para mí es fácil explicar cuán hondo es el vacío en mi pecho y en el de mi familia.
Mi abuela, Paca, era un pilar principal en la familia, el motor que nos movía a todos. Ahora se ha unido a una estrella que ya brillaba en el firmamento, para hacerse más grande y brillante, y cuidar de nosotros, ahora desde el cielo.
Una nunca se imagina estar aquí. Este momento, qué hacer o qué decir. Nadie se prepara para esto. Ni siquiera para mí es fácil encontrar las palabras.
Por eso, quiero leer algo que escribí para mis abuelos en su 50 aniversario de casados, el pasado año. Y que expresa, bastante bien, todo lo que ahora quiero decir.


"A MIS ABUELOS, PEPE Y PACA, POR SUS 50 AÑOS DE MATRIMONIO

Hoy celebramos algo importante, no solo un aniversario, no solo un matrimonio, sino el desarrollo de una familia, la familia: Márquez Mogollón.

Tras tantos años juntos, nosotros, vuestros hijos y nietos, somos la fiel prueba del fruto de vuestra vida juntos.

Solo podemos daros las gracias por ser el inicio de esta familia, por apoyarnos, por haber estado ahí tanto para lo bueno como para lo malo.

A pesar de las adversidades, siempre hemos salido adelante, con vosotros como base hemos aprendido a superar toda clase de obstáculos, y a ser una familia unida, independiente de lugar, tiempo y espacio. Desde los que estamos aquí hasta esas estrellas que nos protegen desde el cielo.


Este es un pequeño recordatorio de lo que ambos habéis creado, para que tengáis siempre presente, quiénes sois y quiénes están aquí por los dos.


Para vosotros, personas que nos han enseñado a sobrevivir a pesar de la vida, a crecer con la cabeza bien alta, que han estado ahí cuando lo necesitábamos, e incluso sin necesitarlo; preparados para echarnos esa tan necesaria mano. Sois los responsables de que todos nosotros estemos aquí y hayamos tenido la oportunidad de convertirnos en lo que somos hoy día o seremos el día de mañana. La oportunidad de vivir y de convivir entre nosotros, no hay nada más grande que eso.


A pesar de todo, estamos aquí por vosotros, ¡y no hemos salido tan mal!
Somos el legado de vuestra unión, algo que perdurará en los años.
Os queremos.
Os quiero.
Vuestra nieta, Rebeca Márquez."



Te echamos de menos abuela. Echamos en falta hasta discutir contigo.

Abuela, no sé cómo a partir de ahora podré hablar de ti en pasado.

Siempre has sido una luchadora, una mujer coraje, has sacado fuerzas de donde no las había, toda tu vida, desde el principio, incluso al final.
Nos has enseñado a ser valientes, y a poner la familia por encima de todo.
Gracias por todo. Ahora, nos toca luchar a nosotros.
Danos fuerza abuela. Y guíanos desde esa estrella que ahora compartes.
Te queremos.

miércoles, 25 de enero de 2012

EN LA CALLE DE LA VIDA

En la calle de la vida, en la calle del suspiro,
en la calle de mi mundo, no me aburro, yo te admiro.
Pues si así no fuera
no quedaría yo
con más que dos pequeñas trenzas
en el suburbio de la razón.

Y qué daría yo
por contemplar una puesta de sol
feliz una vez más.
Siguiendo tu camino por la vida,
por muchos muchos años de canción.

Si ser feliz solo es un cuento,
una invención barata del pensamiento,
pues llámame ilusa cuando quieras,
mi corazón me dice: camina firme siempre alegre donde tú quieras.
Donde tú quieras.
Donde tú quieras.

Y por mí si estás tú...
ando descalza por las aceras.
Y sin un fruncir entre mis cejas.

viernes, 28 de octubre de 2011

LA INTOLERANCIA DE LOS INEPTOS

Cumplen las sentencias
sin preguntas con respuestas,
mientras miran a otro lado
con el morro bien cerrado.
Sufren sus marrones
con sonrisas engarzadas
en viejos corazones
que no sienten ni su alma.

Superficie de hojalata,
eso sí, muy bien cuidada.
Metiendo entre millones
algunas cuantas babas.
"¡Si no siento! ¡Ni padezco!
Soy simple, imbécil, burdo,
malhablado, competente entre las caras,
lo que piden yo lo doy, y mientras hablan...
pasa el tiempo,
y en el fondo...
no soy nada".

Putas ratas de cloaca,
son ineptos a dos patas.

lunes, 8 de agosto de 2011

Un tanto así de mi perdón (de mí a la nada, con cariño, yo)

Tantos días han pasado,
tanto tiempo aún esperando.
Y no sé cómo ocurrió,
o el qué, dicho mejor.
Solo el tiempo, los días, las horas...
y nada, ni un triste adiós.
Qué fue de mí, de mi pasión, de mi valor,
no había nada, todo acabó.
Y lo siento, un tanto más,
y no entiendo qué he de esperar.
Pero no me rindo, no por mi bien, no por tu adiós,
ni un perdón;
solo el fin de un mudo adiós,
no ver ni sentir lo que fue este rincón.
Qué pasará, qué fin tendrá,
si volverá, ¿quién sabe na´?
Yo sigo viva,
aunque esto no sea poesía.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Sobreviviendo a los años

Nunca comprendemos lo importante de verdad, olvidamos a los nuestros, por simplemente no pensar.
Sabemos que estar solo nos debilitará, y que otras veces es la libertad.
Van pasando los años, avanzamos cada día sin mirar, caemos en cada estanque, cada bache, cada zanja, cada puta mina.
Lo sentimos, nos callamos, aguardamos, nos reimos, o lloramos, nos jodemos y aguantamos.
Esto acabará, sin pausas, sin medias tintas, previo aviso, ni permiso.
Volveremos a olvidar, soñando con nuevas cartas, nuevas vidas, que volveremos a perder, a llorar, a olvidar o recordar.
Somos simples marionetas que acaban en cenizas, sin lujos, miedos o prisas.
No atrapamos los momentos, no mimamos nuestros sueños, obviamos lo que vemos, no sabemos qué perdemos.
No esperemos un año nuevo, saboreemos el momento. No amemos a la nada, no culpemos a quien nos ama.
Que allá donde estemos, el final del camino siempre tenga otra puerta, tocando el cielo y nuestras memoria.
Que allá donde vayamos o nos quedemos, no nos desviemos del rumbo, y encontremos el camino de vuelta.
Es cierto, no siempre hay salida de todo, por mucho que la busques.
No hay esperanza siempre en todo, ni vida justa para unos ni otros.
Los años no cambian nada, y a veces nosotros tampoco.
Solo a nuestro alcance hay una cosa: sobrevivir, aunque no sea un camino de rosas.

viernes, 29 de octubre de 2010

¡¡QUÉ CHOLLO!!

¡¿Qué chollo?!
El chollo de escucharte, el chollo de aguantarte.

¡¿Qué chollo?!
El chollo de tus jaques a los que nunca les doy mate.

¡¿Qué chollo?!
El chollo de callarme, mis sentidos ya son arte.

¡¿Qué chollo?!
Mentirosa, ambiciosa, caradura, ¡vaya pupas!

Que no muero, ni en mis miedos tú me asustas.
Solo quiero ser sincero, tú amenazas, ¡yo te puedo!

¡¿Qué chollo?!
¡¿Sufrir?!

¡¿Qué chollo?!
¡¿Intentar ser feliz?!

¡¿Qué chollo?!
¿Envidia puede ser?
¿Rencor, tal vez?
Pues lo siento, hoy no cedo.
No soy sierva, no me rindo a tu merced.

¡¿Qué chollo?!
¿Que tu locura me intente hundir?

¡¿Qué chollo?!
¿No rendirme frente a ti?

¡¿Qué chollo?!
Vivir a pesar de ti.

¡¡Qué chollo!!

jueves, 30 de septiembre de 2010

NO HABÍA SOMBRAS

No había sombras,
no había rotos,
solo las notas
de dos canciones distintas.

El ambiente de turbio pasó a ligero,
cual película de cine,
que gusta al mundo entero.

Las páginas de un libro se empezaron a escribir,
la tinta nunca usada no paraba de hervir.
El cuento imaginario no tuvo final feliz,
faltaban más capítulos,
tal vez no llegara el fin.

Aquel día las estrellas brillaron como nunca antes,
El mundo giraba a gran velocidad,
La mañana ofreció bellos instantes,
grandes versos sin igual.

viernes, 24 de septiembre de 2010

TINTA Y LÁGRIMAS

[…] y aquí estoy, escribiéndote esta carta que nunca leerás. Me siento realmente un imbécil. Sentado, con un folio sobre la mesa, un bolígrafo en la mano, y garabateando palabras y palabras, sentimientos. ¡Yo! Quién me iba a decir que yo llegaría a exteriorizar lo que siento, y pienso, en realidad. Aunque, claro, tampoco imaginé que nuestros caminos pudieran separarse.
Estoy confundido, desde que te fuiste nada tiene sentido; las calles, por las que paseábamos, tan ruidosas y abarrotadas, se han vaciado, ya no queda nada, solo dolor, nada más.
A veces pienso en las tardes de cine, en cómo te apasionaban todas esas películas subtituladas, que a mí me aburrían tanto. Y cómo me despertabas, enfadada, pero con dulzura, cuando acababa la sesión. Siempre acabábamos riéndonos los dos. Pero, al final, eras tú la que se dormía a mitad de la película, terminaste por aborrecerlas. En realidad, perdiste el interés por todo, hasta por mí; como yo ahora. […]

Sin tí nada es igual. Sin tí mi vida es una película muda, pero sin ninguna gracia.
Ni siquiera te despediste…, al menos, de mí no. […]

Me parece que al final iba a tener razón el doctor, esto de escribir no me está viniendo nada mal. Aunque, creo que aún me queda mucho para llegar a sentirme mejor de algún modo. La verdad es que solo pensar que he hecho caso a un matasanos… Aunque supongo que ese odio también lo iré superando; pero creo que, por ahora, el psicólogo tendrá que seguir viniendo a casa para tratarme. Sé que lo necesito, sé que me ayudará; tu ausencia se me hace muy pesada, y sé que no podré avanzar solo.
El doctor dice que todo lo que me pasa es lógico, y que incluso hacer terapia en casa es positivo, es el lugar donde más tiempo estuve contigo, todos los recuerdos se acumulan entre estas paredes. Aparte de las innumerables fotos que continuan colgadas por todos lados, y de las decenas de regalos que me hiciste, que abarrotan los estantes, cada uno en su espacio, su lugar; miles de sentimientos pasados ocupan todo el espacio a mi alrededor, se agolpan en mi garganta, me dejan sin oxígeno, o eso creo yo. […]

El doctor me ha recomendado que me vaya deshaciendo de tus cosas, tantos recuerdos no me ayudan a seguir con mi vida; y aunque realizar la terapia rodeado de tanta información sobre nuestra vida juntos le ha servido para comprenderme mejor y, por tanto, ayudarme desde un punto de vista distinto al corriente; seguir así no es saludable para mí, y lo sé… ya ha pasado casi un año desde que me dejaste…

Lo siento, estaré loco, pero no puedo olvidarte, no quiero olvidarte, a pesar de todo.
Lo lamento, pero desde que te marchaste no he vuelto a ser el mismo; desde entonces, el hombre al que conociste se disolvió en el viento, tras de ti.
Perdóname, amor, pero, cuando la vida se escapó de tu cuerpo… mi alma la siguió.

lunes, 20 de septiembre de 2010

TRAS EL SUEÑO, DESPERTÉ

Anduve por unas calles diferentes a las normales. El suelo que pisaba no era asfalto, era hielo, cristales del llanto.
Olvidé por qué estaba allí, pero seguí caminando. Por el agua que burbujeaba, las grietas iba saltando.
Una tormenta de arena me rodeó, y en pleno desierto el agua me hundió. Respiré bajo un mar de espinas, y tan solo conseguí abrirme heridas.
De pronto me vi a mí misma, de pronto me vi en pie. En un instante estaba viva, y al otro volví a caer.
Cerré los ojos, pero al momento los abrí, miré al mundo, y lo que había allí.
No era bonito, feo o estupendo, no era tranquilo, oscuro o claro recuerdo.
Era simple, complicado, una mierda en papel de regalo.
En realidad no importaba lo que fuera, porque nadie sabía explicar quién manejaba las riendas.
Se cegó el sol de medianoche, y un rayo veloz cayó de golpe.
El hueco se hizo enorme, un agujero negro absorbió todo en su borde.
Desperté de aquel sueño, sin consciencia de donde estaba. Me encontré de lleno con lo que allí me esperaba.
Y entonces comprendí, sin saber muy bien por qué, que algo había cambiado para mí, una evolución, un avance tal vez.
Algo nuevo, un quizás, el mismo mundo, y, puede, algo más.

jueves, 8 de julio de 2010

MOMENTÁNEAMENTE ETERNO

Nunca ocurrió.
Solo fue un producto de mi imaginación.

Humo en el aire, que se desvaneció.
Sentimiento incesante, que desapareció.

Se olvidó todo, el tiempo quedó atrás.
Esperanzas malditas,
que, presiento, nunca volverán.

Pero duele, sentir el fin.
Pero duele, el dolor en sí.

No hay nada que guarde el momento,
el tiempo pasó, se cerró el cuento.

lunes, 28 de junio de 2010

MUERTE LENTA

Mi corazón se ha parado,
ni sé si seguí respirando.
Las lágrimas no resbalaron,
se quedaron dentro, ahogándome.
¿Por qué?
Si se supone que en el fondo lo sabía.
No lo quería creer,
como tonta y burda mentira.
Pero no lo era.
No lo es.
La mente puede hacer mucho daño, una barrera que casi no puede evitarlo.
Esto no era como cuando te decían que los reyes magos no existen,
esto, en un futuro, no te lo tomarás a chiste.
¿Por qué?
¿Cuánto daño pudimos hacer?
Otra vida nos perseguía, eso debía ser.
Vivir en el pasado es malo,
pero ahora sé que el futuro no quiero ni pensarlo.
Presente, esa es mi meta.
Lucharé, hasta el final,
venceré, aunque no pueda más.
Pero no caeré, ni mis lágrimas,
no ganará esa sombra fantasmal.

martes, 22 de junio de 2010

SIN DESPEDIRSE

Se marchó, sin decirme adiós,
como una ilusión, rápido y sin dolor.
Pero no es verdad, el daño no lo apaga la velocidad.
El silencio es puro invento de la crueldad.
Sin saber que la historia era más larga de lo que fue,
que la distancia, más que eterna, no era bien.
Nunca supo lo sincero de mi yo,
no llegó a tener entera razón.
Se disolvió cual terrón en un amargo café.
Se esfumó, sin saber nada,
ni el por qué de su adiós.
Y ahora vagará a un mundo en que nunca estaré;
llegará el rumbo en que olvide el ayer.

lunes, 7 de junio de 2010

PRIMER AÑO

ToDo Y nAdA cumplió ayer, día 6 de Junio de 2010, ¡¡su primer añito!!
Y después de todo un año escribiendo (mejor o peor) este blog, lo único que puedo decir es: GRACIAS.
Gracias a tod@s por estar ahí, por leerme, por seguirme, por comentar, por compartir, y por dejame que yo compartiera con vosotros todas mis letras, las cuales, quedan pa´rato. ;-)
En serio, es todo un placer tener la posibilidad de poder publicar mis escritos en general, mis relatos (los que todavía están por arrancar del todo), mis frases, mis poesías (aunque, como siempre digo, mejor dicho: rimas con suerte, con siderarme poetisa sería demasiado ego)...todo en general. Y poder contar con gente que me lea, personas que tomen un trocito de su tiempo en leerme, en comentarme... Eso no tiene precio. Al menos para mí.
Y decir que este es el primero de lo que espero sean muchos años de ToDo Y nAdA, y de vosotros y todos los que vengan (o no xD) leyéndome.
Muchas gracias de verdad.